Monday 5 january 2009
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UN MAESTRO DE JUVENTUD Y UN REFERENTE DE MADUREZ
Director mío de D.E.A durante mi juventud
como doctorando en la Escuela de Altos en Ciencias Sociales,Michel Wieviorka fue un maestro en aquellos lejanos y turbulentos años 90 dominados por la crisis
urbana, los peligros de la fragmentación, la crisis de la sociedad salarial, los debates sobre el declive del Estado-Nación y el resquebrajamiento de las instituciones, de la socialización
y de los vínculos sociales. A no olvidar la violencia de una juventud sin expectativas de futuro, la amenaza de los fundamentalismos religiosos, el auge de las extremas-derechas y los
neopopulismos, por no hablar de la atroz experiencia de la limpieza étnica en los Balcanes. Todo ello en un clima de triunfo de la globalzación y de un
capitalismo salvaje. Maestro de juventud, Wieviorka despertó en los estudiantes de doctorado que ibamos a su seminario el espíritu crítico y analítico ante las nuevas
coordenadas políticas, sociales, económicas y civilizatorias que habían sucedido a la caída del Muro de Berlín en 1989. Pero Michel
Wieviorka también sigue siendo un referente intelectual en estos días, en una coyuntura de crisis económica profunda, en los que los grandes
intereses económicos y financieros tienen maniatados a los Estados y los sistemas políticos, al mismo tiempo que amenazan a la sociedad salarial y a los individuos, alentando el
auge de populismos demagógicos que explotan las inseguridades de los sectores más periféricos sobre todo al carro de discursos xenofóbos y segregadores.
Michel Wieviorka es un sociólogo cuya sensibilidad y personalidad intelectual se forjaron durante los
acontecimientos del Mayo del 68 y del que la trayectoria docente e investigadora ha estado estrechamente vinculada a Alain Touraine desde los ya lejanos años 70.
Aun así, nunca se definió a si mismo com un intelectual " Soixante-huitard", sino post-soixante-huitard. La autodenominación no es arbitraria, ni el producto de esa
moda en la que se han convertido los prefijos, sino que tiene una plena coherencia con las grandes líneas de investigación y reflexón teórica que llevará a cabo junto a
Touraine y a François Dubet a los largo de los 70 : los Nuevos Movimientos Sociales y las problemáticas culturales que
éstos vehicularon, así como los procesos de conflictualización central que vinieron a sustituir la cuestión del trabajo y del movimiento obrero
Alain Touraine
Del interés por los actores del Post-Mayo del 68 nació el propio Centre D'Analyse et d'Intervention
Sociológique durante los años 80 (CADIS). Desde este centro de investigación inscrito en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, se utilizaron métodos innovadores y que consistieron por lo
esencial en grupo de discusión entre actores sociales e investigadores, donde primó el autoanálisis y el coanálisis de las formas de acción colectiva. Era cuestión por aquel entonces de
volver centrales a los actores sociales como tema de reflexión e investigación, su autocomprensibilidad y capacidad de articular movimientos sociales frente a los sistemas de dominación. El CADIS se consolidó a lo largo de los 90 y de él salieron
importantes figuras de la sociología actual, como por ejemplo Danilo Martucelli, hoy uno de los principales teóricos de lo que ha venido a denominarse la Sociología del Individuo
o Philippe Bataille, que es hoy uno de los grandes especialistas sobre la condición de los enfermos.
La crisis de los Nuevos
Movimientos Sociales y la nueva coyuntura de los 9O condicionaron en gran medida la evolución de los ámbitos de investigación del CADIS. La producción teórica de Alain
Touraine también conocerá una cierta evolución que, sin perder el hilo conductor de los años 70, se centró en la crisis de la modernidad y la reflexión sobre una
sociedad amenazada por el neoliberalismo y los fundamentalismos. Todo ello en diálogo con las obras de Giddens y Habermas que eran los que llevaban la
batuta del debate desde el ámbito anglosajón y alemán. Los ámbitos de indigación sociológica también cambiaron para Michel Wieviorka. Sus trabajos e
investigaciones sobre el terrorismo y el racismo diferencialista que llevó a cabo justamente en colaboración con Danilo Martucelli y Philippe Bataille
fueron de hecho de una gran influenca en la Francia de aquella misma década. Philippe Bataille hizo ruído por aquellos años con un importante trabajo sobre el racismo en el
ámbito laboral y empresarial.
François Dubet
En los años
90 se hicieron famosos los propios trabajos de François Dubet sobre las nuevas formas de exclusión y pobreza en los sectores sociales más periféricos, pero sobre todo
entre las nuevas generaciones, muy en especial entre la juventud procedente de la inmigración. Dubet abrió brecha respecto a los mitos que habían rodeado a la
escuela republicana, formalmente igualitaria y universalista, pero en el fondo productora de profundas injusticias. En efecto, la famosa escuela pública republicana llevaba años
ofreciendo dos imágenes : la de los prestigiosos y elitistas establecimientos del centro de París, reservados a los sectores sociales más acomodados y la de las escuelas de la periferia,
amenazadas por la guetización, el fracaso escolar y la falta de futuro para unos adolescentes sin otro horizonte que el del desempleo, la anomía y la violencia o en el mejor de los
casos, el de los trabajos precarios y subcualificados. Dubet llevó a cabo su producción sociológica en colaboración con Danilo Martucelli y
con Didier Lapeyronnie, otro de los investigadores referenciales del CADIS y que adquirió notoriedad en Francia por sus trabajos sobre
crisis urbana y segregación. Un tema que estaba en el centro de los debates académicos y políticos franceses y que sirvieron en muchos casos para generar procesos de estigmatización de las
emblemáticas Banlieux Rouges en general y del colectivo de origen árabe en particular. La cuestión de la exclusión y de las nuevas formas de pobreza fueron muy centrales
en las investigaciones sociológicas y los debates académicos de la época y que por ejemplo hicieron famosos los trabajos de teóricos eminentes como Robert Castel o Serge
Paugman. Si bien, si estos últimos se volcaron más en la crisis del vínculo social asegurado por la sociedad salarial y los procesos de descualificación social en medio de una
acentuada disfuncionalidad del Etat Providence, los trabajos de Dubet y la gente del CADIS se centraron mucho más en la
experiencia de los actores sociales y el impacto de la crisis en su propia subjetividad.No hay que olvidar que las objetivas desigualdades sociales y económicas se cebaron sobre una
juventud de origen inmigrante no menos sacudida por el racismo, la xenofobia y la marginación.
Respecto a la cuestión también tuvieron prensa los trabajos de otros
investigadores del CADIS como Françoise Gaspard y Farhad Khosrolchavar , que analizaron el tema del
Foulard islámico y su relación con los valores republicanos. Kohosrolchavar era especialista sobre la Revolución islámica en
Irán. Feminista y lesbiana, Gaspard fue una de las teóricas de la paridad y que animará un seminario sobre la historia del movimiento feminista en el marco del
CADIS. Fue su propia condición de teórica feminista lo que valió no pocas críticas en lo que hace referencia a su posición sobre el velo. Años más tarde llevó a cabo
también un seminario sobre homosexualidad junto a Didier Eribon. A título de inciso, Touraine, Wieviorka y el grueso de los investigadores del
CADIS prestaron su decidido apoyo al movimiento de lucha contra el Sida y a actores como AIDES y Act-Up-París, que fue el gran
movimiento social de los años 90 y que según ellos reanudaba con el espíritu de los Nuevos Movimientos Sociales del Post-Mayo del 68.
Didier
Lapeyronnie
La década de los 90 encarnó en Francia un periodo de intenso y crispado debate sobre la crisis del "Modelo Republicano" y en el que el fenómeno Le Pen y la demagogia
sobre la desintegración de la identidad nacional dictaron el guión de la vida pública, mediática e intelectual. Sincero republicano, Michel Wieviorka tuvo una firme implicación
en esta disucsión, no dejando de mostrarse crítico ante el hecho mismo de que los valores básicos de la República, es decir, la citoyenneté y el principio de igualdad en
el universalismo del derecho, sirviesen de pretexto para cerrarse a los cambios de una sociedad definida por su diversidad y formas de diferenciación de los individuos en los que los factores
culturales estaban jugando un papel cada vez más determinante. Los síntomas de exclusión, la eterna e hiper-mediatizada cuestión de las Banlieux, la degradación
urbana y los actos de violencia ( también hiper-mediatizados) alimentaron el fantasma de la guetización, la fragmentación y el triunfo del modelo social norteamericano basado en los grupos
de pertenencia identitaria y comunitaria. Un fantasma alentado por determinados sectores ideológicos que siguieron mitificando el modelo asimilacionista de integración y dejando de lado
otras cuestiones, como las crecientes desigualdades sociales que estaba generando la vieja Exception Française. Frente a este republicanismo ideológicamente
interesado o ante los comunitarismos fragmentadores, herméticos y autoritarios, Wieviorka basó buena parte de su propuesta en la construcción de puentes entre los valores
universales de la República y el Droit à la différence. Un posicionamiento que ya da a entender la posición de Wieviorka frente
al patético y demagógico debate sobre la Identidad Nacional que vivió Francia en los últimos años como una de las grandes ocurrencias del gobierno de Nicolas Sarkozy.
Sea como sea, el núcleo duro lo siguieron constituyendo los actores socialculturales y la
reflexión sobre las posibilidades de una reconflictualización social y cultural en medio de la globalización y de un republicanismo discursivamente monopolizado por la derecha y ciego ante las
crecientes desigualdades sociales y los síntomas de segregación ocultos detrás de grandes proclamas universalistas. Junto a Touraine y Dubet y la nueva
generación de investigadores que se fueron progresivamente incorporando al CADIS, Wieviorka ha seguido otorgando una enorme importancia a los actores
sociales, es decir, a los Sujetos, como agentes de cambio social frente las nuevas caras bajo las cuales se manifestan hoy las injusticias y los procesos de
exclusión social y cultural en medio de un capitalismo salvaje como el que hoy conocemos. No cabe duda en ese sentido de que se revela como un pensamiento sociológico sugerente, sobre todo
en un momento como el actual, en el que se manifiesta urgente movilizar a la sociedad frente al neoliberalismo y las orientaciones culturales de un modelo de desarrollo que
nos está llevando al desastre.
Philippe Bataille