Lunes 22 diciembre 2008 1 22 /12 /2008 22:19

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Laurentino Vélez-Pelligrini (París 1969), Licenciado en Ciencias Políticas y Doctor en Sociología, estudió en el Instituto de Estudios Políticos y en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Trabaja en el Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya. Fue investigador becario del Instituto de Ciencias Sociales Torcuato di Tella y del Centre National pour la Recherche Scientifique, así como profesor asociado en varias universidades. Entre sus publicaciones cabe destacar un ensayo sobre  la política catalana bajo la influencia del nacionalismo,  El estilo populista, orígenes, auge y declive del pujolismo (2003), y otro sobre las estrategias identitarias del movimiento gay y lesbiano, Minorías Sexuales y Sociología de la Diferencia (2008) , así como  colaboraciones en diversas revistas de ciencias sociales sobre multiculturalismo y comunitarismo, además de numerosos artículos sobre género, homofobia, sexualidad y seropositividad. Ha colaborado en  Esprit, Le Journal du Sida, Revue H, así como en El Ciervo y Mientras Tanto. Es articulista habitual en El Viejo Topo.  No habiendo disociado la producción teórica y ensayística del compromiso en la lucha por los derechos civiles de las minorías sexuales, estuvo firmemente implicado en el movimiento de lucha contra el Sida, siendo activista de Act-Up-Paris en los años 90. En la actualidad trabaja en la preparación de un nuevo libro sobre el pensamiento de Judith Butler y la influencia de la teoría Queer en España.

Por Laurentino Vélez Pelligrini
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Martes 23 diciembre 2008 2 23 /12 /2008 13:03

  POR UNA RENOVACIÓN DE LAS POLÍTICAS QUEER   

   



                           





                               
                           

                        Nunca pensé que algún día iba a crear mi blog. Cuando publiqué mi libro " Minorías Sexuales y Sociología de la diferencia", no fueron pocos los que me aconsejaron y empujaron a que lo hiciera. Pensaban que puesto que había abierto la boca y me había decido a producir textos, debía proseguir.  La pregunta era de cómo debía comenzar a hacerlo. Había visitado muchos otras páginas personales de tipo político, intelectual o humorístico.  Pese a todo, no acaba de encontrar mi estilo personal. Cuando Oscar Guasch leyó las galeradas de Minorías Sexuales y Sociología de la Diferencia  me dijo : " ¡Es que éste eres tú !  Escribí " Minorías Sexuales y Sociología de la Diferencia" desde mi condición de Sujeto, compatibilizando mi experiencia personal como activista con el interés y el desarrollo por las perspectivas políticas, teóricas e intelectuales.  Supongo que la coherencia me empuja a seguir la pauta en este blog.  Desde luego no os hablaré de mi, sino de aquello que me condujo personal, política e intelectual a ser como soy.  

                                    Recuerdo que en mi época de adolescente y estudiante de bachillerato me insultaban una y otra vez, trantándome de " Marica" y poniéndome incluso un apodo : " Mónica". Ayer como hoy, la mejor de manera de denigrar a un adolescente es relacionarle aunque solo sea en términos " nominativos" con un género que no corresponde con su sexo.  Ser "hombre" sin enlace con la "masculinidad" ( al menos tal y cómo se entiende desde la institución de la heterosexualidad obligatoria) equivale, por lo que se ve, a ser un " Marica" y por goleada (¡horror1) una semi-mujer. Después vino mi padre, arquetipo, claro está, de la masculinidad hegemónica  en cuestión, autoritario y violento,  bien instalado en esos "consensos de hombres" en torno a la " virilidad ", que bien podía podría servir de ilustración a Pierre Bourdieu. y que, como es obvio, soportaba mal mi pluma.  O sea, que me tocó sufrir de las cárceles "simbólicas" de mis compañeros de pupitre ( que me habían condenado por ser un "verdadero hombre" y de las que me impuso mi padre ( que por su parte no soportaba que fuese una "medio mujer" Para que después algunos sectores del feminismo a la antigua usanza digan que no existe correlación  entre la homofobia y la misoginia y que por lo tanto insultar o pegarle una paliza o maltratar psicológicamente a un homosexual no es " violencia de género".
 
                                         
                                Tuve que cargar durante mucho tiempo con mi Mónica y con mi pluma, hasta que la providencia me trajo a Barcelona y después me llevó a París, donde el destino me puso ante un chicos "raritos" que hablaban de no sé qué extraña enfermedad. Fueron ellos quienes acabaron convenciéndome que ni mi Mónica, ni mi pluma  eran bien mirados tan malos compañeros.   Entre los activistas gays de mi generación que estuvimos implicamos en toda suerte de comunidades queer ,  era costumbre " invertir" las etiquetas estigmatizantes y convertirlas en procesos afirmativos de la propia identidad o mejor dicho, de nuestra diferencia.   Y es que  tuvieron que llegar cómo no los años 90 y las entrañables asambleas de Act-Up-Paris y seguidamente La Radical Gai, Lesbianas Sin Dudas ( LSD), QueerNation, Outrage y toda tipo gente "infrecuentable" ( así nos gustaba autodenominarnos)  para caer en la cuenta de que efectivamente lo que queríamos  no era ser   " Gays" y " Lesbianas" ( que en el primer caso y  cómo ha señalado con razón y agudeza mi buen amigo Oscar Guasch, no es otra cosa que una figura políticamente correcta  del imaginario homofóbo). Queríamos ser   " Maricas" y "Bolleras". 


                                      Por momentos recuerdo con amargura aquellos años de militancia desde lo que vino a ser conocido como la Seropositividad Política.  Ver cómo nuestros amigos se quedaban en el camino nos marcó a muchos. Sin embargo, en términos generales me mueve la nostalgia por esa juventud durante la cual conseguimos organizarnos y movilizaciones contra y a pesar de la pandemia. Operamos un proceso de "politización del cuerpo", defendimos la diversidad sexual y a todas las comunidades queer relegadas a los margénes, nos enfrentamos a un cuerpo médico reaccionario que pretendía volver a controlar nuestra sexualidad y deseos,  a la industria farmaceútica y su espiritu de rapiña, ( que especulaba financieramente con la vida de los demás)  a las instituciones sanitarias ( que creo si cometieron un crimen político con escasa reacción ante el Sida y su retraso en las políticas de prevención y ayuda a la investigación ) y a las nuevas formas de homofobia ( que se manifestaron de manera brutal en medio de una oleada de conservadurismo sin precedentes). De la mano de Foucault, de Bourdieu, de Derrida, de Beauvoir, de Wittig, de Lauretis, de Butler nos revelamos contra las "esencias" alrededor del sexo y del género que se querían volver a imponer. Desde luego hubo otras figuras intelectuales, que no estaban en la órbita del post-estructuralismo y que eran sobre todo sociológos, como es el caso de Alain Touraine y Michel Wiviorka. Teóricos forjados en las sensibilidades  y las contestaciones culturales del Mayo del 68 y que se centrarón en la idea de Sujeto y de movimiento social, desde una visión afirmativa del "Droit à la Différence"  . Desde un punto de vista tanto político y social, como teórico e intelectual, los años 90 son concebidos por  mi como la década de oro del movimiento LGTB.  Y desde luego no es que esté  orgulloso de mi, sino de aquella gente con la que compartí aquella experiencia política.

                                    Este blog y lo que diga en él de aquí en adelante es una herencia de esa política. 
 Pretende en suma,  ser el hogar , la tribuna queer de aquellos maricas, bolleras, trans y bi cuya voz ha sido secuestrada por eso que Ricardo Llamas y Fefa Vila llamaron irónicamente la homocracia asimilacionista ( intelectualmente pobre, pero para nuestra desgracia mediaticamente omnipresente). La voz también de los que pretenden resistir a la nueva « armarizacion » impuesta por el Gaybusiness, que nos segrega de la sociedad heterosexual y que nos vuelve a segregar entre nosotros en el interior del gueto a aquellos que no responden a los cánones de la « Identidad Basura » .  Este blog aspira por lo tanto a ser un foro de reflexión sobre la renovación de la política queer Y una defensa de eso que nuestro llorado Paco  Vidarte llamó, en efecto, una ética marica.

 


Por Laurentino Vélez Pelligrini
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Viernes 26 diciembre 2008 5 26 /12 /2008 16:07
                                                             EL ESTILO POPULISTA
                                                              Origenes, Auge y Declive del Pujolismo 

                                                                 
Materia/ Politica
fecha publicacion: 06/2003
editorial / Montesinos


                                   MINORIAS SEXUALES Y SOCIOLOGIA DE LA DIFERENCIA
                                                                
  

                                                         
Materia/sociologia- estudios y ensayos
fecha de publicacion 2008
editorial/Montesinos

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Por Laurentino Vélez Pelligrini
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Lunes 5 enero 2009 1 05 /01 /2009 22:15


Un sujeto del contra-discurso 

                     

                          Cuando publiqué Minorías Sexuales y Sociología de la Diferencia (   perdonadme la constante  auto-publicidad, pero es que si algo aprendí en Act-Up-París es a tener autoestima y a pensar que yo y todo lo que hago valen mucho), me invadió un sentimiento de soledad. Me preguntaba si no estaba siendo el único en oponerme al matrimonio y en denunciar la autocomplaciencia y la frivolidad con la que se abarca hoy la cuestión de la homofobia. En denunciar la demagogia de la homocracia asimilacionista  y la manipulación descarada de las minorías sexuales a manos de los Jordi Petit, de los Pedro  Zerolo, de las Beatriz Gimeno y otros tanto energúmenos que han hecho caja y entrado en la nomina de Zapa-hetero  a cuenta de las situaciones de discriminación vividas por otros. Etica marica me convenció de que finalmente no estaba sólo .  Al leer a Paco Vidarte, me di cuenta que todavía había gente válida y con los cojones suficientes como para denunciar el secuestro del que ha sido objeto la voz del colectivo LGBT en los últimos tiempos. La lectura de Ética marica  me hizo caer en la cuenta de que el radicalismo que destilé en Minorías Sexuales  y Sociología de la Diferencia no había pecado por exceso, sino por defecto. Y es que por poco, si me descuido, la Gimeno y el Zerolo me convencen de las virtudes de esa mamarrachada política que son los  Nuevos Modelos Familiares. Afortunadamente Etica marica me salvó.  
                
                                              
                                             Si aludo hoy a Paco Vidarte es porque el 29 de enero se cumple el primer  aniversario de su muerte. Vidarte  fue un referente para la gente de la Radical Gai y de LSD, así como para los grupos maribollos que empezaron a movilizarse en los años 90 contra los nuevos brotes de homofobia y discriminación que trajo consigo la pandemia. También lo ha sido para aquellos que aunque no le conocimos personalmente, si habíamos militado en grupos afines a la Radical Gai y a LSD como fue Act-Up-París.   Hoy, desde luego, también para aquellos que seguimos en la lucha contra el asimilacionismo, el clientelismo, el auto-odio y la claudicación cultural frente a la heterosexualidad obligatoria. Creo que esos fueron los grandes ejes de Etica marica.   
                    
                En uno de los epistolares intercambios que mantenemos a veces mi amigo Alberto Mira y yo, me comentaba éste último que para él Ética marica desprendía  una excesiva carga de negatividad, que no podía ser  otra cosa que objeto de su  critica. Alberto Mira es un chico de bien, además de uno de los mejores ensayistas que tenemos en ese cadáver que es el mundo del debate intelectual gay español. Es optimista por naturaleza y cree que pese a todo, algún progreso se ha hecho. Hace un tiempo probablemente hubiese pensado como él.  Y es que en efecto, yo nunca estuve  por un  victimismo contraproducente ( lo que me valio en mi juventud no pocas peleas a grito pelado con otros maricas de Act-Up-París a los que apreciaba). Pero visto el rumbo tomado por el movimiento gay,  estoy ahora en cambio en un moderado excepticismo. Pese al aprecio que le tengo a Alberto Mira, hoy por hoy me siento más próximo de Paco Vidarte.  Al igual que él, yo no creo en lo "posible" ( o lo que sólo quieren volver posible los homofóbos autoculpabilizados que nos han puesto en nuestro patio ese armatoste del matrimonio gay ). Creo en una democratización cultural real que nos libre de las formas de violencia simbólica impuestas por la institución de la heterosexualidad obligatoria. Y es que querido Alberto, es dificil no compartir con Paco Vidarte la idea de que estamos viviendo una de las mayores regresiones que ha podido experimentar el colectivo LGBT.  Por lo tanto, sigo defendiendo, cómo lo hubiese hecho Vidarte, una militancia a caraperro y una defensa de nuestros valores y subjetividades frente a un hueco igualitarismo y universalismo que ocultan mal la persistentes discriminaciones que continuan viviendo las minorías sexuales.  En suma y en efecto, defendiendo una Ética marica, una ética de la diferencia. 

Por Laurentino Vélez Pelligrini
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Sábado 10 enero 2009 6 10 /01 /2009 19:15
Por Laurentino Vélez Pelligrini
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