Martes 23 diciembre 2008
2
23
/12
/2008
13:03
POR UNA RENOVACIÓN DE LAS POLÍTICAS QUEER

Nunca pensé que algún día iba a crear mi blog. Cuando
publiqué mi libro " Minorías Sexuales y Sociología de la diferencia", no fueron pocos los que me aconsejaron y empujaron a que lo hiciera. Pensaban que puesto que había
abierto la boca y me había decido a producir textos, debía proseguir. La pregunta era de cómo debía comenzar a hacerlo. Había visitado muchos otras páginas personales de
tipo político, intelectual o humorístico. Pese a todo, no acaba de encontrar mi estilo personal. Cuando Oscar Guasch leyó las galeradas de Minorías Sexuales y Sociología
de la Diferencia me dijo : " ¡Es que éste eres tú ! Escribí " Minorías Sexuales y Sociología de la Diferencia" desde mi condición de Sujeto,
compatibilizando mi experiencia personal como activista con el interés y el desarrollo por las perspectivas políticas, teóricas e intelectuales. Supongo que la coherencia me empuja a seguir
la pauta en este blog. Desde luego no os hablaré de mi, sino de aquello que me condujo personal, política e intelectual a ser como soy.
Recuerdo que en mi época de adolescente y estudiante de bachillerato me insultaban una y otra vez, trantándome de " Marica" y poniéndome incluso un apodo : " Mónica".
Ayer como hoy, la mejor de manera de denigrar a un adolescente es relacionarle aunque solo sea en términos " nominativos" con un género que no corresponde con su sexo. Ser "hombre" sin
enlace con la "masculinidad" ( al menos tal y cómo se entiende desde la institución de la heterosexualidad obligatoria) equivale, por lo que se ve, a ser un " Marica" y por goleada
(¡horror1) una semi-mujer. Después vino mi padre, arquetipo, claro está, de la masculinidad hegemónica en cuestión, autoritario y violento, bien instalado en esos "consensos de
hombres" en torno a la " virilidad ", que bien podía podría servir de ilustración a Pierre Bourdieu. y que, como es obvio, soportaba mal mi pluma. O sea, que me tocó
sufrir de las cárceles "simbólicas" de mis compañeros de pupitre ( que me habían condenado por ser un "verdadero hombre" y de las que me impuso mi padre ( que por su parte
no soportaba que fuese una "medio mujer" Para que después algunos sectores del feminismo a la antigua usanza digan que no existe correlación entre la homofobia y la misoginia
y que por lo tanto insultar o pegarle una paliza o maltratar psicológicamente a un homosexual no es " violencia de género".
Tuve que
cargar durante mucho tiempo con mi Mónica y con mi pluma, hasta que la providencia me trajo a Barcelona y después me llevó a París, donde el destino me puso ante un
chicos "raritos" que hablaban de no sé qué extraña enfermedad. Fueron ellos quienes acabaron convenciéndome que ni mi Mónica, ni mi pluma eran bien mirados
tan malos compañeros. Entre los activistas gays de mi generación que estuvimos implicamos en toda suerte de comunidades queer , era costumbre "
invertir" las etiquetas estigmatizantes y convertirlas en procesos afirmativos de la propia identidad o mejor dicho, de nuestra diferencia. Y es que tuvieron
que llegar cómo no los años 90 y las entrañables asambleas de Act-Up-Paris y seguidamente La Radical Gai, Lesbianas Sin Dudas ( LSD), QueerNation, Outrage y
toda tipo gente "infrecuentable" ( así nos gustaba autodenominarnos) para caer en la cuenta de que efectivamente lo que queríamos no era ser "
Gays" y " Lesbianas" ( que en el primer caso y cómo ha señalado con razón y agudeza mi buen amigo Oscar Guasch, no es otra cosa que una figura políticamente correcta
del imaginario homofóbo). Queríamos ser " Maricas" y "Bolleras".
Por momentos recuerdo con amargura aquellos años de militancia desde lo que vino a ser conocido como la Seropositividad Política. Ver cómo nuestros amigos se quedaban en el camino
nos marcó a muchos. Sin embargo, en términos generales me mueve la nostalgia por esa juventud durante la cual conseguimos organizarnos y movilizaciones contra y a pesar de la
pandemia. Operamos un proceso de "politización del cuerpo", defendimos la diversidad sexual y a todas las comunidades queer relegadas a los margénes, nos enfrentamos a un cuerpo
médico reaccionario que pretendía volver a controlar nuestra sexualidad y deseos, a la industria farmaceútica y su espiritu de rapiña, ( que especulaba financieramente con la vida
de los demás) a las instituciones sanitarias ( que creo si cometieron un crimen político con escasa reacción ante el Sida y su retraso en las políticas de prevención y ayuda a la
investigación ) y a las nuevas formas de homofobia ( que se manifestaron de manera brutal en medio de una oleada de conservadurismo sin precedentes). De la mano de Foucault,
de Bourdieu, de Derrida, de Beauvoir, de Wittig, de Lauretis, de Butler nos revelamos contra las "esencias" alrededor del sexo y del género que se querían volver a imponer. Desde
luego hubo otras figuras intelectuales, que no estaban en la órbita del post-estructuralismo y que eran sobre todo sociológos, como es el caso de Alain Touraine y Michel Wiviorka.
Teóricos forjados en las sensibilidades y las contestaciones culturales del Mayo del 68 y que se centrarón en la idea de Sujeto y de movimiento social, desde una visión
afirmativa del "Droit à la Différence" . Desde un punto de vista tanto político y social, como teórico e intelectual, los años 90 son concebidos por mi como la
década de oro del movimiento LGTB. Y desde luego no es que esté orgulloso de mi, sino de aquella gente con la que compartí aquella experiencia política.
Este blog y lo que diga en él de aquí en adelante es una herencia de esa política. Pretende en suma, ser el hogar , la tribuna
queer de aquellos maricas, bolleras, trans y bi cuya voz ha sido secuestrada por eso que Ricardo Llamas y Fefa Vila llamaron irónicamente la homocracia asimilacionista (
intelectualmente pobre, pero para nuestra desgracia mediaticamente omnipresente). La voz también de los que pretenden resistir a la nueva « armarizacion » impuesta por el
Gaybusiness, que nos segrega de la sociedad heterosexual y que nos vuelve a segregar entre nosotros en el interior del gueto a aquellos que no responden a los cánones de la
« Identidad Basura » . Este blog aspira por lo tanto a ser un foro de reflexión sobre la renovación de la política
queer Y una defensa de eso que nuestro llorado Paco Vidarte llamó, en efecto, una ética marica.